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RODOLFO MEDEROS
“EL TANGO ES NUESTRO PROPIO ESPEJO”
¿Se
concibe hoy la posibilidad del tango sin el bandoneón?
¿Cuáles
considera que son los acompañantes ideales para el bandoneón?. ¿Cuál es
la formación ideal?
¿Cuál
de las dos formas de expresarse, sólo o con una fila de bandoneones, considera
que es la mejor, o la que más le gusta?
¿Te
parece que el hecho de que la juventud se esté volcando al tango se debe
a una moda?
¿Existe
la vocación?
Tu
opinión sobre el arreglador, el arreglo y la composición en el tango.
¿
Cómo ves el futuro del tango?
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Es un músico de vanguardia que comenzó
en la década del sesenta. Hoy toda una generación de grupos de tango y
de solistas pasan o han pasado por su cátedra en la Escuela de Música
Popular de Avellaneda. El pasado 2 de agosto participó de panelista en
la primera reunión del Seminario “Tango y Sociedad- Estética del Tango”
que se realiza jueves por medio en el Salón de Conferencias de la Honorable
Cámara de Diputados de la Nación y habló entre otras cosas del futuro
del tango.
¿Se concibe hoy la posibilidad del tango sin el bandoneón?
La pregunta es un poco maniqueísta. El tango no es solamente con
o sin bandoneón. Me parece que el tango son muchas cosas: son historias
vividas, son frustraciones, conquistas, amores en el zaguán, mate cocidos
por la mañana, son inviernos fríos, son aplazos de materias en la primaria
o en la secundaria, son goles del equipo favorito. Va mucho más allá de
una partitura escrita; el tango incorpora la cuestión tímbrica.
Los instrumentos no son al azar. Esto pareciera ser mezquino. Uno
podría decir que el trombón jamás podría tocar un tango, entonces el trombonista
quedaría excluido del género. Pero lo cierto es que el género es no solamente
por las notas escritas, lo es también por cómo suena y no suena en abstracto
sino a través de instrumentos y suena en ámbitos necesariamente. Esto
pareciera ser una idea muy fundamentalista. Pareciera que el tango debiera
ser tocado por los instrumentos que le dieron origen y ser tocado en esta
ciudad. No se podría tocar en Amsterdam por ejemplo. Pero yo sin ser purista
creo que el tango es lo que es porque es ese conjunto de cosas que somos
nosotros. Entonces no son solamente las notas escritas o las letras
escritas, sino también a través de dónde suena, de qué instrumentos. Y
alguien dirá que podrían haber sido otros instrumentos, pero las razones
históricas las podemos discutir después, lo cierto es que históricamente
nuestra memoria reacciona afirmativamente cuando suena el tango a través
de instrumentos que estamos habituados a escuchar.
Quizás por un mecanismo inverso rechazamos una sonoridad que es totalmente
ajena. Un tango tocado por una banda de jazz pareciera que no nos resulta
muy familiar, no nos convoca a esos mate cocidos del invierno y a esas
vivencias que son de las que está hecho el tango, es más allá de una música,
el tango es nuestra historia pasada y por qué no tal vez nuestra historia
futura.
Al bandoneón no se lo podría quitar del tango, es el tango mismo, así
como también otros instrumentos. Pareciera ser que sobre el bandoneón
recae una responsabilidad sustancial. Podría ser tocado con cualquier
instrumento pero no sin el bandoneón.
¿Cuáles considera que son los acompañantes ideales para el bandoneón?.
¿Cuál es la formación ideal?
El tango tuvo, entre tantas formas,
dos que fueron como el generalato: la Orquesta Típica y el bandoneón asociado
a la guitarra. Las dos formas a mí me producen un disfrute muy profundo.
Tocar en una orquesta con una fila de bandoneones es muy impactante, produce
una emoción muy particular porque la manera de funcionar del bandoneón
es otro, el papel que cumple es otro. Y tocar acompañado con dos guitarras,
produce otro tipo de felicidad. Yo ahora estoy trabajando con formato
de dúo: guitarra y bandoneón y creo que es quizás la expresión de música
de cámara más parecida a la perfección.
Yo tengo la dicha de poder decidir lo que quiero hacer sin concesiones
industriales, sin concesiones que impone la moda o las conductas de un
mercado.
En realidad el bandoneón va bien con todo. Es casi un Narciso, va bien
con las cuerdas, va bien con la Orquesta Típica, con las guitarras, sólo.
¿Cuál de las dos formas de expresarse, sólo o con una fila de bandoneones,
considera que es la mejor, o la que más le gusta?
Son situaciones distintas,
son placeres distintos. Yo te preguntaría de que día hablás porque a lo
mejor el lunes tengo ganas de tocar con una orquesta de cuerdas y un mes
después no. Son situaciones distintas, placenteras todas y que como las
comidas, ninguna sabe igual, pero todas son igualmente nutritivas. Yo
disfruto con todo.
Tocar en un grupo pequeño de características camarísticas, como podría
ser guitarra y bandoneón, o un trío, a uno lo pone en una situación de
mayor cautela. No solamente porque no puede pifiar, sino porque tiene
que tocar con un toque particular. En una orquesta, una fila de bandoneones
opera como un respaldo, como una pared donde uno también se apoya en los
demás; más allá que el líder sea el que tiene que ir llevando esa masa
de músicos, en definitiva uno termina apoyado o resguardado por toda una
fila. Tocar sólo supone un riesgo mucho más especial. Todo es más delicado,
refinado, más audible. Cada sonido debiera completarse con el del otro.
No es que en una orquesta todo sea burdo, pero una orquesta es una ciudad
y un dúo es un barrio. La orquesta es una familia y guitarra y bandoneón
un matrimonio.
La Orquesta Típica pertenece a esas formaciones musicales que son inobjetables:
no hay nada que ponerle ni nada que sacarle.
Desde el punto de vista técnico, la Orquesta Sinfónica tradicional se
compone de cuatro elementos: cuerda, instrumentos de madera (flautas,
oboes), metales y percusión. En realidad la Orquesta Típica de tango es,
de alguna manera, nuestra Orquesta Sinfónica en pequeño, nuestra orquesta
de cámara en realidad.
En una Orquesta Sinfónica, para tres flautas, pongamos por caso, hay 48
violines, y uno podría preguntarse: ¿no será que a la Orquesta Típica
le faltan violines?. Porque para cuatro bandoneones, que son una artillería
pesada, harían falta muchos más violines, para equilibrar, siempre se
supone que un violín es mucho más frágil, que es un sonido menos penetrante
y que el bandoneón hace un ruidito y llega hasta cualquier lado. Quizás
desde el punto de vista técnico, de libro de orquestación, es probable
que para un bandoneón, quizás hagan falta 8 violines, para que más o menos
pesen igual en sonido. Pero si una Orquesta Típica tuviera tanta cuerda,
en algún punto el sonido se ablandaría, perdería esa cosa como ósea que
podría tener el tango, sobre todo en cuestiones rítmicas. El violín es
netamente un instrumento de canto, si bien puede tocar rítmicamente.
La predominancia de cuerda le da a una orquesta de tango una característica
quizás mucho más volcada a lo lírico, a lo romántico y entonces le quita
esa cosa esencial que básicamente es lo rítmico.
Convengamos que hay melodías de tango, que están registradas en la sociedad
de autores como tango, pero que en realidad son melodías: “El día que
me quieras” es un ejemplo, lo puede cantar Luis Miguel. Pero difícilmente
“La Yumba” sea otra cosa que tango. Cuando el tango adopta la forma rítmicamente,
el exceso de cuerdas le quita esa situación como agresiva, como áspera,
como angulosa. Por esta razón yo creo que la forma a la que llegó la Orquesta
Típica, con sus 4 violines, o 6 si tenemos plata y 4 bandoneones, bajo,
piano y un chelo tal vez y una viola, es la ideal. Más que eso estaríamos
entrando en el engolosinamiento y conspirando tal vez contra ese sonido
tan particular que tiene la Orquesta Típica.
¿Te parece que el hecho de que la juventud se esté volcando al tango
se debe a una moda?
Evidentemente las modas existen
porque los mercados viven de eso. Lo riesgoso es que lo que se pone de
moda primero después se pone en liquidación. No creo que pase esto con
el tango, porque más allá que las modas hayan estimulado o favorecido
ciertas cosas, creo que la adhesión que la gente joven tiene por el bandoneón
y por el tango en general es más fuerte.
Yo creo que consciente o no el tango golpea alguna cuerda sensible que
habrá quedado amarrada en la infancia o quizás en la vida intrauterina.
Sino no se explica por qué músicos que vienen del rock, con una cultura
totalmente distinta, que piensan en inglés, queden atrapados y entusiasmados
genuinamente con el tango. Me parece que la globalización, el avasallamiento
cultural y la desprotección de la historia hace que tengamos que aferrarnos
a algo que hemos conocido y que sentimos que es nuestro. Y el tango cumple
con esos apetitos. Decía Macedonio Fernández: “El tango es lo único seguro,
porque no consulta con Europa”; y yo diría que tampoco con el FMI.
Creo que el tango es lo que es y que justamente, pese a los embates de
la industria y a las perversiones de la moda, el tango sigue siendo lo
que es.
El tango, más allá de que ciertas instituciones lo conviertan en una mercadería
vendible, es nuestro propio espejo, nosotros somos eso.
¿Existe la vocación?
Yo creo que la vocación es una extraña palabra que usamos a veces sin
entender muy bien cual es el contenido; igual que el talento.
Creo que el hombre es un ser social y está obviamente influido por el
medio. Vivimos en una sociedad y en esa sociedad pasan cosas que se acumulan
y son lo que llamamos la historia y esto nos condiciona. El talento un
poco también tiene que ver con eso, no es una especie de varita mágica
que se posó sobre alguien. El talento es algo con lo que todo ser humano
nace, como también la sensibilidad, la intuición y la creatividad.
Habría que ver que hace la sociedad o el contexto con ese individuo: ¿frustra
esto o lo potencia?. Habría que ver cómo este individuo se abre paso entre
esa maleza de mezquindades, de horrores sociales, de inconveniencias,
para mantener su sensibilidad y su creatividad. El talento es poder demostrar
hacer cosas que a lo mejor en la proximidad otros no han podido hacer
pero podrían haber hecho. La vocación tiene que ver con la libre posibilidad
de elegir. Si yo soy médico porque mi papá y mi abuelo lo fueron, si he
elegido eso porque he oído mis propios deseos está muy bien. Pero en muchos
casos no se oyen los propios deseos y si se oyen los deseos del otro,
entonces uno termina siendo lo que en realidad no quiso ser. La vocación
tiene que ver con que en algún momento de la vida de ese individuo tenga
la plena conciencia de que lo que tiene que hacer es eso, que es el deseo
auténtico. El talento y la vocación son la medida en que ese hombre ha
sido libre y ha sido capaz de decidir sobre sus propias actitudes.
Yo creo que los muchachos que se acercan a estudiar el bandoneón, unos
antes, otros después, descubren a la vuelta de la vida que eso es lo que
tendrían que haber hecho. No importa que lo hagan tardíamente, cada uno
lo hace como puede.
Pero la vocación es escuchar el propio deseo, cuando uno no lo escucha
está condenado a vivir a expensas del deseo del otro, el otro puede ser
la sociedad, los padres.
Cuando el chico quería estudiar música tradicionalmente los padres miraban
esta expectativa del hijo con sospecha, porque un músico ¿qué podía ser?.
Borracho, drogadicto, mujeriego, calavera y noctámbulo.
Si pensaba ser bailarín sería homosexual. Había como una especie de mitología
folclórica respecto de ciertas profesiones artísticas. No sé si ahora
funciona tanto esto, pero antes era normal.
Tu opinión sobre el arreglador, el arreglo y la composición en el tango.
El arreglador es una figura que no existe en la llamada música culta,
clásica, académica ( son nombres que no dicen mucho en realidad).
Yo recuerdo que cuando era chico y llevaba a mi casa las partes que me
daban de una orquesta para tocar, mi vieja me escuchaba estudiar y preguntaba:
“¿Qué estudiás?”. “Los arreglos”. “¿Pero qué los tangos están desarreglados?”.
Y en realidad no se entendía como era eso.
El arreglo es una decoración, es la decoración de la obra original, es
como cuando uno se muda a un lugar, que está limpio de todo, le pone su
propia personalidad, dice quiero las paredes de ocre, el piso lo voy a
plastificar, los cuadros los pongo por acá y allí voy a alfombrar. Y decide
lo que le da satisfacción según su propia estética. El arreglador es lo
mismo, en realidad sería un segundo compositor, se involucra en la composición
y recompone, reorganiza esa música original, al punto tal que podría haber
tantas versiones de cada tango como arregladores hay en el mundo, y es
más un mismo arreglador podría hacer todos los días un arreglo distinto
de un mismo tango. Esto es fantástico, esto le da tal vez al tango una
posibilidad ilimitada, casi universal de escuchar la misma música esencial
siempre distinta. Esto tal vez es algo que no pensamos mucho, pero que
es así.
Pareciera que la figura del arreglador no se sabe bien que hace, que es
un señor que lleva papeles, pero ¿para qué?. En realidad está dando iluminación,
color, textura, está logrando otra música con esa misma música.
¿ Cómo ves el futuro del tango?
Para nosotros nuestro futuro es el tango. Si no tenemos ese futuro es
porque tampoco tenemos pasado. Yo creo que si no hay pasado no hay futuro.
Creo que los pueblos que no recuerdan su historia, que no reconocen sus
propias esencias y que no reivindican a sus músicos y a sus artistas están
condenados a la barbarie. Siempre se escribe sobre lo pasado y se piensa
sobre lo pasado. Esto no significa recluirse en el pasado; uno se apoya
en el pasado para seguir avanzando. Si de algo estoy seguro es que el
tango seguirá existiendo más allá de que pase temporadas de resfrío o
de gripe.
Aníbal Troilo decía que el tango es como el corcho en el agua, siempre
lo quieren hundir pero siempre sale a flote y es cierto.
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