Alfredo Le Pera
Extraño destino el de Alfredo Le Pera. Poeta, periodista y autor teatral, buen conocedor del idioma, trabajaba en París traduciendo títulos de películas mudas francesas para versiones en español. Allí, la cofradía de los pocos argentinos residentes en Francia, lo vincula a Carlos Gardel, y empieza la mutua colaboración, primero parcial y luego plena, hasta el día de la trágica tarde Medellín.
Fueron casi cuatro años, desde fines de 1931, hasta el 24 de Junio de 1935. Le Pera acababa de cumplir, el 4 del mismo mes, treinta y un años de edad.
Es conocida la exigencia de Carlos Gardel, ya en la etapa de gran altura de su carrera, respecto del contenido, forma y expresión, de cada una de las canciones, y también que la mayoría de ellas, fueron estructuradas en su melodía por Gardel y luego pasadas a Le Pera para su versificación, en picos de un febril trabajo creativo, impuesto por las inexorables leyes económicas del negocio del espectáculo.
Canciones compuestas en una noche, tarea tal vez habitual para nuestros compositores y letristas, pero innegablemente mucho más difícil, cuando la obra se destina a un público internacional y no pueden utilizarse los sobreentendidos y complicidades de un lenguaje común.
Sus canciones son esencialmente porteñas en el argumento, con un reconocible sabor en las situaciones planteadas, pero expresadas en un lenguaje que las hace universalmente aceptables, y a la vez tan nuestras, que muchos de sus versos, plenos de significado e intención, son expresiones cotidianas incorporadas a nuestra cultura popular. “Que veinte años no es nada”, “Mi Buenos Aires querido”, “Hoy un juramento mañana una traición”, “Arrabal amargo”, “Por una cabeza”, “Guitarra de mis amores”, “Dentro del pecho pide rienda el corazón”, “Golondrinas de un solo verano”.
Por sobre el oficio y la profesionalidad, y también por haber sido compuestas con tales urgencias, debe destacarse la vena poética del autorde obras hechas por encargo y para consumo masivo.
Cuando los tangos que sobrevivan, constituyan parte el folklore ciudadano rioplatense, por lo menos uno de ellos será de Alfredo Le Pera. Podrá ser “Silencio”, “Amargura”, “Soledad”, “Volver”, “Cuesta abajo”, “El día que me quieras”, “Mi Buenos Aires querido”, o cualquier otro.
Habrá obtenido la gloria a que aspiraba Jorge Luis Borges para sus versos: la inmortalidad, contenida en esa canción que todos repiten, sin saber ni importarle, quien fue el autor.
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray
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