HERNÁNDEZ: EL CANTO AL VENCIDO
El Martín Fierro completa y cierra en forma magistral, el ciclo de la poesía gauchesca que no volverá a repetirse y que adquiere con esta obra, la más difundida de nuestras letras, una dimensión social incomparable. Es el canto que reivindica y da valor al reclamo del gaucho que iba desapareciendo definitivamente, vencido por un progreso que no lo había tenido en cuenta, y para el que resultaba peligroso. El autor, conoció y compartió la vida del gaucho, fue su contemporáneo, de allí el valor testimonial de la misma en defensa de este personaje, cuyo último lamento lo constituye, seguramente, esta obra de Hernández.
La vida del poeta
José Hernández nació en la chacra de los Pueyrredón, en el caserío de Perdriel, donde se había librado el combate del mismo nombre durante las invasiones inglesas, el 10 de noviembre de 1834. Como un rasgo cruel de los desencuentros que producen las guerras civiles, su padre Rafael, pertenecía a una familia federal, mientras que su madre Isabel, era de familia unitaria. El niño estuvo a cargo de sus tíos maternos, los Pueyrredón, debido a que sus padres se trasladaron a trabajar a una estancia de propiedad de Rosas.
Cuando tenía seis años esos familiares deben exilarse, por lo que pasó al cuidado de su abuelo paterno. Hizo sus primeros estudios en el Liceo Argentino de San Telmo, hasta que aquejado por una enfermedad, se reunió con su padre en una estancia de Camarones. La madre a la que prácticamente no vio en su vida, falleció en l843 y esto seguramente, junto a los vaivenes familiares ocasionados por la situación política de la familia, contribuyó, a que llevara una infancia muy poco feliz. La vida junto a su padre, es la que le permite conocer el campo y su gente, cuestión que resultará central al momento de desarrollar su obra literaria.

A la caída de Rosas abandona la estancia y comienza su actividad como político y militar. Se pone a las ordenes del coronel Pedro Rosas y Belgrano, hijo adoptivo del Restaurador, y combate en la batalla de San Gregorio, enfrentando a las tropas de Hilario Lagos, curiosamente de extracción federal, situación que generó el enojo de su padre. Una cruenta división entre Buenos Aires y la Confederación, genera alineamientos y nuevos combates entre argentinos, en los que el joven Hernández toma decidida participación
Instalado en la ciudad de Paraná, debido al curso de los acontecimientos políticos, forma parte del grupo de antiguos federales que apoyan a Urquiza, y colabora en la redacción de los diarios “La Reforma Pacífica”, “Uruguay” y el “Nacional Argentino”. Con el grado de capitán participa de la batalla de Cepeda, combatiendo contra el ejercito de Buenos Aires, comandado por Mitre. De regreso a Paraná, después de haberse alejado del ejercito, se desempeña en diversos cargos públicos, siendo entre otras cosas, taquígrafo del congreso.
En el año 1860, lo encontramos desempeñándose como secretario del general Juan Esteban Pedernera, que era el vicepresidente de la Nación. La derrota de la Confederación en la batalla de Pavón, en la que las fuerzas de Buenos Aires toman revancha sobre el ejercito de Urquiza, le produce una enorme desilusión y como tantos otros federales, pone en duda de la conducta de su jefe. Esto lo lleva a alinearse junto al último caudillo federal, Ricardo López Jordán, con quien se reencontrará, después que los jordanistas matan a Urquiza en el palacio San José, y lo acompañará en los combates que sostiene contra los ejércitos nacionales y que culminan con la derrota de Ñaembé.
Con anterioridad, se había casado el 8 de junio de 1863, con Carolina González del Solar, lo que más que una información social, es la confirmación de que José Hernández es un hombre ligado a familias tradicionales de nuestro país, y no un gaucho en el sentido estricto de la palabra. Esto, por supuesto, no hace sino elevar la consideración y la estima sobre quien se transformará en el autentico defensor de la clase derrotada por las nuevas concepciones políticas y la inexorable ley del progreso que propugnan.
Es en este mismo año, que se produce el cruel asesinato del caudillo don Angel Vicente Peñaloza, “El Chacho”, cuya cabeza es expuesta en la plaza de Olta en la provincia de La Rioja. Este hecho, hace que Hernández escriba una serie de artículos periodísticos, en los que ataca a Sarmiento y que son recopilados con el título de “Vida del Chacho”.
En el año 1864, desde la ciudad de Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, colabora con los patriotas uruguayos sitiados en Paysandú por las fuerzas brasileñas y los partidarios de los colorados uruguayos, en un episodio que resultará un antecedente directo de la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay.
La intervención argentina en esta guerra que el país declara en 1865, lo encuentra, entre los más firmes opositores al conflicto con el país hermano, y la falta de respuesta de Urquiza al reclamo de sus partidarios incrementa la decepción del poeta sobre el jefe del antiguo partido federal.
Se supone que en esta época de permanencia en Concepción del Uruguay, es cuando comenzó a escribir los primeros capítulos del Martín Fierro. El inicio de la presidencia de Sarmiento, durante el año 1868, incrementó las dificultades de Hernández; ya que a pesar de las diferencias con Urquiza, colaboró activamente en el intento de imponer su candidatura presidencial. Cuando el presidente Sarmiento decide intervenir la provincia de Corrientes, ordena la clausura del diario opositor “El eco de Corrientes”, en el que el poeta escribía, al tiempo que colaboraba con el gobernador López, desempeñándose como ministro de gobierno.
En Buenos Aires, funda el diario “El Río de la Plata”, también opositor al gobierno del presidente Sarmiento y en el que aparece un programa de gobierno redactado por Carlos Guido y Spano, cuyo contenido se compadece con algunos reclamos que luego el autor pondrá en boca de Martín Fierro, tales como la abolición de las levas para enviar a los hombres a pelear en la frontera contra el indio y la elección por voto popular del juez de paz. En ese diario, publica Hernández una nota que resulta un verdadero legado político y en la que sostiene: “No hay países más pobres ni atrasados que aquellos donde la propiedad está repartida entre unas cuantas clases privilegiadas”. El artículo es una obvia alusión a la realidad de nuestro país, caracterizado por la existencia de grandes latifundios y la imposibilidad de acceso a la tierra de los pequeños productores.
Después de la derrota de López Jordán en la citada batalla de Naembé, el 26 de enero de 1871, se exila en Brasil junto a su jefe y regresa a Buenos Aires al año siguiente. Se hospeda en el Hotel Argentino, situado en la esquina de 25 de Mayo y Rivadavia, frente a la Plaza de Mayo, donde completa la redacción de “El gaucho Martín Fierro”, primera parte del extraordinario poema que es editado en forma de folleto, por la imprenta “La Pampa” según anuncio del 28 de noviembre de ese año de l872.
Las diferencias con Sarmiento se mantienen y el poeta nuevamente debe exilarse marchando a Montevideo, porque el sanjuanino a puesto precio a su cabeza (1.000 pesos) y a la de López Jordán (100.000). Los problemas políticos continuaban, y en mayo de l873 López Jordán vuelve a invadir Entre Ríos, hasta la derrota en diciembre de ese año, de sus tropas, integrada por gauchos mal armados, en la batalla de Don Gonzalo. En esta batalla, que significó un triunfo político para Sarmiento, las fuerzas nacionales estrenaron los nuevos fusiles “Remington” con los que diezmaron a las tropas jordanistas.
Desde 1874, gobierna el país Nicolás Avellaneda, por lo que el poeta y su hermano Rafael se reintegran a la vida política de Buenos Aires. En el año 1879, es elegido diputado provincial y ese mismo año publica la segunda parte de su obra fundamental “La vuelta de Martín Fierro”. Su postura política va sufriendo modificaciones, tal vez en la misma medida que la causa del gaucho se iba perdiendo, y la literatura gauchesca comenzaba su ocaso definitivo después de su máximo resplandor del año 1872, en que aparecieron el “Martín Fierro” -Hernández-, el “Santos Vega”-Ascasubi- y “Los tres gauchos orientales” – Lussich -. Ese cambio se hace notable en un discurso que pronuncia por ese tiempo, y en el que aboga por la federalización de Buenos Aires, contrariamente a lo que había sostenido en las épocas de Paraná y Concepción del Uruguay.
Algunos autores indican que la incorporación de José Hernández a la masonería, fue la razón de su aproximación a la filosofía política liberal y la causa del cambio en lo que este escribe a partir de su regreso definitivo a la ciudad de
Buenos Aires. En realidad, y de acuerdo a lo que aparece en el libro “La masonería argentina a través de sus hombres” escrito en el año 1966, por quien fuera Gran Maestre de la misma Alcibíades Lappas, el poeta fue iniciado en la Logia Asilo del Litoral número 18, el 28 de agosto de 1861 y su adscripción a la masonería se mantuvo hasta adquirir, de acuerdo a esta fuente, el grado 32 en el rito escocés.
Esto, sin dudas, indica que la pertenencia a la citada institución, es bastante anterior a la aparición de su obra y por lo tanto no pudo haber influido en la evolución de su pensamiento político. Un dato curioso extraído del libro citado, es que también habrían pertenecido a la masonería Bartolomé Hidalgo (a raíz de un pedido de su viuda, en acta del 16/11/1858 de la Logia del Sol de Mayo número 8 consta que fue masón), Hilario Ascasubi (Iniciado en la Logia Lealtad número 6 el 20 de mayo de 1858) y Estanislao del Campo (iniciado en la misma logia que Ascasubi el 3 de junio de 1858). Por lo que, de ser cierta la información, los principales representantes del genero pertenecieron al rito masónico.
Para completar la información sobre Hernández digamos que en el año 1881 escribe, por encargo del gobernador Dardo Rocha: “Instrucción del Estanciero”, libro que se considera en buena medida, opuesto a las formulaciones hechas en defensa del gaucho, sobre todo en la primera parte del Martín Fierro. En el año 1882, con la firma del presidente Roca y su ministro Wilde, es nombrado vocal del Consejo Nacional de Educación cargo de enorme prestigio por aquel tiempo. En 1885 es elegido Senador y el 21 de octubre de 1886 fallece en una quinta de Belgrano, en compañía de su hermano Rafael, a quien dirige sus últimas palabras “hermano esto está concluido. Buenos Aires, Buenos Aires...”
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray
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