Definición de lunfardo
El diccionario de la Real Academia Española, emplea la palabra lunfardo como sinónimo de ratero o ladrón, aclarando que es un argentinismo en desuso. También con esta voz se designa según el diccionario a la jerga que originariamente empleaba, en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, la gente de mal vivir. En parte se difundió posteriormente por las demás clases sociales y por el resto del país.
A los fines perseguidos en este trabajo, no debiera revestir mayor importancia la consideración del vocablo lunfardo como sinónimo de ladrón, en razón de ser una voz en desuso y porque además, nuestro objetivo central es analizar el lenguaje y no el uso del vocablo. Sin embargo no puede escapar al presente análisis el origen de la palabra lunfardo, que resulta ser una derivación de la palabra lombardo - natural de Lombardia -, por lo que se utiliza como sinónimo de ladrón la denominación con que se designa a los naturales de una de las regiones de Italia que en ese momento mayor aporte habían hecho a la inmigración llegada a estas tierras. Esa asociación del lunfardo con el hampa, resultó un serio obstáculo que durante mucho tiempo dificultó su difusión. Como dicen Mario E. Teruggi en su libro, “Panorama del Lunfardo”: “Incluso todos los primeros compiladores de léxicos lunfardos (Lugones, 1879; Drago,1888; Dellepiane, 1894 y Villamayor, 1915) han destacado la naturaleza delictiva de nuestro argot, a pesar de que en sus obras incluyen, tal vez inadvertidamente, muchísimos términos que nada tienen que ver con la mala vida, tales como camperismos , vulgarismos y barbarismos. Este enfoque puede ser el resultado de una deformación profesional, puesto que estos primitivos lexicógrafos del lunfardo eran criminalistas o miembros de la policía”. Es necesario acotar que el Lugones citado como compilador de voces lunfardas, es Benigno Baldomero y no el poeta Leopoldo Lugones.
Si nos interesa, la definición que establece que el lunfardo fue inicialmente la jerga de los delincuentes de Buenos Aires y sus alrededores, que luego se extendió en parte en sentido geográfico a todo el país y socialmente a los demás sectores de la población. La definición que da la Real Academia Española, si bien no se ajusta estrictamente a la definición de lunfardo que da la Academia Porteña del Lunfardo y que nosotros compartimos, muestra sin embargo, la evolución que el mismo ha tenido desde su creación hasta la fecha y su vigencia para los argentinos.
Como tantos otros misterios que atesora Buenos Aires, no existe precisión sobre el nacimiento y origen del lunfardo, y en realidad poco importa eso, ya que las expresiones culturales son la consecuencia de un largo proceso de acumulación que hace el pueblo y que alguna vez adquieren identidad propia. José Gobello, suele comenzar a definir el lunfardo por lo que no es, y claramente dice que el lunfardo no es un idioma, por lo tanto está lejos de representar ese idioma de los argentinos a que se refería Lucien Abeille, y no lo es porque en sí mismo no constituye un sistema de signos que permita al hablante comunicarse, no existe la posibilidad de hablar sólo con voces lunfardas, el lunfardo requiere una lengua de base, que para el caso es el castellano, sobre la que apoyarse para lograr la comunicación. No constituye tampoco ni un lenguaje ni un dialecto por las mismas razones enumeradas.
Tampoco resulta ser la jerga a que hace referencia la Real Academia Española, porque no es el lenguaje de ningún grupo especializado y muy lejos está el tiempo en que pudo ser el lenguaje del hampa. Las primeras recopilaciones de voces del lunfardo o caló porteño, como se lo llamara en una nota anónima aparecida en el diario “La Nación”, el 11 de febrero de 1887, no solamente consignaban voces usadas por los delincuentes, sino palabras que empleaba la gente del bajo pueblo, los compadritos y los inmigrantes y sus hijos como acertadamente señala José Gobello.
Falta entonces decir que es el lunfardo, ya que sabemos lo que no es. Simplemente es un vocabulario conformado sobre una lengua de base: el castellano hablado en América, que identifica al hombre del Río de la Plata. “Un vocabulario compuesto por voces de diverso origen que el hablante de Buenos Aires emplea en oposición al habla general” dirá el citado Gobello.
De esta definición surge claramente el origen aluvial del lunfardo, en perfecta consonancia con ese permanente entrecruzamiento de gente llegada desde las más diversas procedencias y que nada tiene que ver con el lenguaje carcelario que algunos le adjudican. Podría decirse que ese pueblo surgido de la confluencia de culturas de las orillas de Buenos Aires, hace nacer de manera lógica ese lenguaje de confluencia, de variedad idiomática de sus hablantes.
Ese vocabulario se origina en antiguas voces del castellano y otros dialectos de la Península, expresiones del habla de los marinos que llegaron a América por aquellos años (marinerísmos en tierra), préstamos de lenguas aborígenes, vocablos tomados del genovés, del lombardo, del piamontés, de los dialectos del sur italiano, del caló, de la germanía y hasta del argot francés.
La definición se completa haciendo referencia a la utilización que hace el hablante del lenguaje, como medio de diferenciarse de sus congéneres y afirmar su identidad. El lunfardo bien puede decirse que es un adorno que el hablante argentino le hace al castellano y a la vez una muestra de rebeldía y de afirmación de la identidad, por eso es importante afirmar que el lunfardo no es un idioma, no se habla en lunfardo, sino que se utilizan sus voces en el habla cotidiana mezcladas con el castellano. Se estima que aproximadamente un total de 4.000 voces componen el repertorio del lunfardo, lo que plantea la necesidad de su conocimiento, ya que su uso se halla extendido a todos los sectores de la población.
Tal vez podríamos referirnos al lenguaje cotidiano de los argentinos, omitiendo denominarlo lunfardo, ya que alguno podría considerar que esta denominación se reduce a los hablantes de la ciudad de Buenos Aires, pero como la extensión de ese leguaje originario de Buenos Aires llega a todos los rincones del país y aún de algunos otros lugares fuera del territorio nacional, muchas veces el lunfardo aparece como sinónimo de idioma de los argentinos, aunque el habla cotidiana es más amplia que ese lenguaje.
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray |