El lunfardo en la poesía y el teatro
Desde los primeros tiempos, algunos poetas populares emplearon el lunfardo en sus composiciones, claro está que ese empleo, condenaba a los mismos a una marginación no siempre justa. Como en todas las expresiones del arte, hubo buenos y malos poetas lunfardistas, en algunos casos, escritores de lo que podría llamarse la “literatura oficial”, hicieron uso de ese lenguaje, colaborando también, en su difusión.
Ernesto Quesada consigna en “El criollismo en la literatura argentina”: “No es tan sólo la variedad lo que constituye la germanía orillera ni la única variante del criollismo suburbano. En otras capas sociales ella empalidece ante el brillo de cierta literatura orillera, llena de dimes y diretes sumamente difundida entre los criollos suburbanos. El señor J. López Franco se ha distinguido en ese nuevo género criollo; su poema “Los canflinfleros o Los amantes del día” ha tenido tal resonancia que en determinados barrios se forman grupos en las aceras, se tararean los tangos preferidos y se canta a voz en cuello:
Soy el mozo canflinflero
que camina con finura
y baila con quebradura
cuando tiene que bailar ...
y al que miran los otarios
con una envidia canina
cuando me ven con la mina
que la saco a pasear
Resulta interesante observar que Ernesto Quesada habla de una literatura dirigida al criollo suburbano, por lo que se está refiriendo a ese hombre que desplazado por el progreso, deja la pampa y se acerca a la orilla. Ellos serán los primeros que ejerzan el oficio de proxeneta, actividad que estaba vedada a los inmigrantes que recién llegaban al país.
Canflinflero: proxeneta
Quebradura: figura coreográfica de la milonga y el tango
Otario: tonto
Mina: mujer
Como una muestra del uso literario del lenguaje cotidiano de los argentinos, acompañamos un soneto que el poeta Orlando Mario Punzi escribiera al cumplir ochenta años:
Ochenta (A Dios, compañero de hilera, que colmo de bienes)
¿Mis ochenta pirulos? Un afano ...
Los gasté con amor, a mi manera,
pero siempre lustroso y en carrera.
A Dios, conmigo se le fue la mano.
Me dio todo; la mamma de primera,
los amigos en tanda y un hermano,
y ya de pibe le saqué temprano
cien sonetos –o más- de la galera.
Nunca yugué de contra y a desgano
ni me salí del riel; toco madera.
Cinché de buey, como mi nono tano.
Fui maestro, doctor, portabandera,
sufrí y amé ... Lo digo de antemano:
que bronca me va a dar cuando me muera ...
Aparecen utilizadas en este sentido soneto de Punzi, además de algunas voces italianas, como mamma (madre) y nono (abuelo), la expresión salirse del riel, descarrilarse, figura que sugiere que nuca se apartó de la buena senda. Además de las voces siguientes:
Pirulos: años
Afano: robo
Pibe: niño
Yugar: trabajar
Tano: italiano, aféresis de napolitano
Otra de las expresiones que permite la difusión del habla del hombre común es el teatro. Hablamos de la primera etapa del desarrollo del lunfardo, es decir la que va desde la llegada de la inmigración masiva y se extiende hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. En esta etapa hablaremos del teatro que aparece de la mano del llamado "Género Chico Español", la zarzuela, el sainete, la revista, el vodevil van a llegar a Buenos Aires en las dos últimas décadas del siglo XIX y prontamente se irán acriollando y luego se irán aporteñando, es decir los típicos personajes madrileños de la zarzuela se harán porteños y se expresarán en el habla corriente de la nueva ciudad que crecía impulsada por la inmigración. De algún modo puede decirse que la utilización del lunfardo en el teatro, significó un salto cualitativo, lentamente se va alejando de los ambientes marginales y comienza a llegar a sectores más acomodados de la escala social.
Hay tres obras de carácter significativo en esa primera época, una es "Justicia Criolla", una zarzuela escrita por Ezequiel Soria con música de Antonio Reynoso que fue estrenada en setiembre de 1897, en la que van a aparecer términos como otario (tonto), mina (mujer), sport (dinero), estrilo (enojo), lo que significa que estos términos ya estaban afincados en el habla popular porque la gente iba a ver las obra en la que se usaba un lenguaje que entendía. "Ensalada Criolla" de Enrique De María con música de Eduardo García Lalanne, es una revista callejera estrenada por la compañía de los Podestá en el año 1898; ahí van a aparecer términos como morlaco (peso), otario, estrilo, espiantar (escapar), encanar (poner preso) y biaba (paliza). La última de estas tres obras, es un sainete de Carlos Mauricio Pacheco, que es el precursor de un género que va a tener gran difusión en la Argentina, el grotesco. Pacheco va a trabajar con esa dualidad de lo cómico y lo trágico, dando los primeros pasos en ese sentido.
La obra es "Los Disfrazados", y trata el tema del carnaval. En un patio de conventillo van aparecer todos los personajes que lo habitan con sus historias entre las voces que se escuchan están: taquero (bailarín por los tacos que usaba, en el sentido dado por Pacheco en esta obra, pero más difundido como comisario) y minga (nada). En síntesis, hacia fines del siglo XIX el lunfardo había llegado al teatro y este se constituía en un medio importante para su difusión.
Es de estricta justicia, reconocer el valor de este teatro para la cultura nacional y no solamente como un medio de difundir el lenguaje popular. Esa nueva sociedad que nacía en las orillas de Buenos Aires y en los patios de los conventillos, los inmigrantes y los criollos, todo eso reflejará el sainete.
El autor más importante del género, Alberto Vacarezza, coloca en boca de uno de sus personajes lo que el llama la "receta" de lo que tiene que tener un sainete, y está definido que tiene que ser en lunfardo:
"Un patio de conventillo,
un italiano encargao,
un yoyega retobao,
una percanta, un vivillo,
dos malevos a cuchillo,
un chamuyo una pasión,
choques, celos, discusión,
desafío, puñaladas,
aspamento, disparada,
auxilio, cana, telón ..."
"... debe el sainete tener
rellenado su armazón,
la humanidad, la emoción,
la alegría, los donaires
y el color de Buenos Aires
metido en el corazón".
Conventillo: casa pobre habitada por muchos inquilinos
Encargao: se refiere a quien tiene a su cargo el conventillo
Yoyega: forma vésrica de gallego
Retobao: que se rebeló
Percanta: mujer considerada desde el punto de vista amatorio
Vivillo: pícaro
Malevo: maleante
Aspamento: exageración en las manifestaciones
Chamuyo: conversación
Cana: policía
Dice Luis Ordaz en su libro “Inmigración, escena nacional y figuraciones de la tanguería”, “El inmigrante es en el fondo un ser trágico, un agonista en lucha permanente por su existencia y sus empeños de progresar y triunfar –de ahí su impulso entrañable- aunque sólo nos llegue lo más exterior a través de la caricatura del sainete porteño, y se logre un mayor ahondamiento, en las búsquedas y hallazgos del “grotesco” criollo.
“El inmigrante se incorpora a un medio, nuevo para él, al que no siempre se adapta del todo –por ese vivir provisorio que dan a su existencia las esperanzas de retornar al terruño lejano -, pero aporta al mismo tiempo, la jerga de frontera que le permite hacerse entender y convivir. “Parla” que a la vez, se va insertando, por presión natural y comodidad, en el lenguaje de las gentes que lo rodean e intercambian, diversifican y modifican aún más sus giros.
La mezcla se va produciendo entre los seres que pueblan los conventillos y las orillas ciudadanas. Es la “mescolanza” típica a la que se refiere con entusiasmo don Gaetano en “Mustafá”, sainete de Armando Discépolo y José De Rosa, que se estrena en 1921”. Las apreciaciones de Luis Ordaz que compartimos, son una breve y precisa descripción del nacimiento del lenguaje de Buenos Aires a partir de la llegada de la inmigración masiva. Reproducimos por ilustrativo el parlamento de Don Gaetano expresado en cocoliche:
¿La raza forte no sale de la mescolanza? E ¿dónde se produce la mescolanza?.
Al conventillo. Antonce: la cuna de la raza forte es el conventillo. Per esto que cuando se ve un hombre robusto, luchadore, atleta, se le pregunta siempre ¿a que conventillo ha nacido osté? “Lo do mundo”, “La catorce provincia”, “El palomare”, “Lo gallinero”. Es así, no hay voelta. ¿Perque éste ese no paíse hospitalario, que te agarra toda la migraciones, te la encaja a lo conventillo, viene la mescolanza e te saleno a la calle todo este lindo mochacho pateadore, boxeadore, cachiporrero e asaltante de la madonna”. Los nombres que aparecen en boca de don Gaetano corresponden a conventillos famosos de la época.
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray
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