EL PROYECTO POLÍTICO
Juan B.Alberdi consideraba que la Constitución era el marco que permitiría desarrollar el proyecto oligárquico. Y este proyecto proponía entre sus principales metas: el aumento de la población, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras públicas, la industrialización, la importación de capitales extranjeros y la exploración de los ríos interiores.
Tanto Alberdi, como Sarmiento, rechazan la cultura hispánica, la consideran un escollo para el desarrollo del proyecto modernizador. Creen que solamente a través de la cultura de los países industrializados es viable esta transformación. Por lo tanto el camino elegido, es traer capitales y población desde estos países, para transplantar al nuestro la cultura que los hizo grandes a ellos. Dice Alberdi: “¿Queremos plantar y aclimatar en América la libertad inglesa,
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| Juan Bautista Alberdi |
la cultura francesa, la laboriosidad del hombre de Europa y los Estados Unidos?. Traigamos pedazos vivos de ellas en las costumbres de sus habitantes y radiquémoslas aquí.” “Los caminos de fierro son a este siglo lo que los conventos eran en la Edad Media: cada época tiene sus agentes de cultura. ¿Son insuficientes nuestros capitales para esas empresas?. Entregadlas entonces a capitales extranjeros. Dejad que los tesoros de fuera, como los hombres, se domicilien en nuestro suelo.”
¿Cómo se logra traducir este proyecto en realizaciones concretas? ¿Cómo se garantiza la continuidad en el tiempo? ¿Cómo se armonizan los intereses de los sectores que detentan el poder económico, con la pretendida inyección de contingentes poblacionales?. La respuesta que Alberdi da a estos interrogantes es definiendo un régimen político, que permita a todos los habitantes gozar de amplias libertades civiles, pero solamente a una minoría detentar el poder político. Como dice Natalio Botana: “La piedra de toque de esta fórmula tiene sencillo diseño: funda una capacidad de decisión dominante para el poder político central; otorga el ejercicio del gobierno a una minoría privilegiada; limita la participación política del resto de la población; y asegura a todos los habitantes, sin distinción de nacionalidad, el máximo de garantías en orden a su actividad civil”.
Es decir, la fórmula alberdiana recrea el viejo concepto de la distinción entre habitante y ciudadano. Resuelve el problema de abrir el país, cerrando las posibilidades políticas de los sectores no pertenecientes a la elite. Crea una república abierta para los habitantes con amplias libertades civiles y una república restrictiva, donde sólo participan un reducido núcleo de ciudadanos que gozan de las libertades políticas. Eligen y son elegidos, se controlan a sí mismos y al entorno que los circunda, forman un conjunto de hombres públicos sobre los cuales recaen las decisiones de gobierno.
Son los notables.
Para Alberdi, la desigualdad política era la condición necesaria que haría efectiva la igualdad civil en la República. Pero, en realidad, el proyecto oligárquico consagra la desigualdad social, justamente para impedir la igualdad política, ya que para elegir y poder ser elegido, se exigían condiciones morales, intelectuales o económicas, sólo accesibles a la elite.
Este proyecto de restricciones políticas y libertades civiles para la mayoría de la población, junto con un proceso de desarrollo económico y social, tiene una contradicción insuperable en su seno. Lleva a que un importante sector marginado en sus derechos políticos pero en ascenso social exija en algún momento la igualdad política, poniendo en crisis todo el andamiaje oligárquico.
Natalio P.Etchegaray - Roberto Martínez - Alejandro Molinari
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