EL GENERO CHICO
Este teatro de raigambre popular, nace en España hacia la mediados del siglo pasado, su origen se debe a la iniciativa de tres actores: Antonio Riquelme, Juan José Luján y José Valles, quienes debido a la estrechez económica que padecían los sectores medios españoles, deciden modificar las representaciones teatrales.
En lugar de largas funciones, de tres a cinco horas a altos precios, ofrecen un espectáculo por secciones de una hora, a un real la entrada, es casi un “teatro al paso”; el espectador puede elegir la obrita que le interese y también el horario, obviamente, era necesario producir obras adecuadas para este género y aparecen entonces dos vertientes: la “revista de actualidad” y la “comedieta costumbrista”, ejemplos de ambas son: “La gran vía” y “La verbena de la paloma” respectivamente.
Tanto el “género chico” como la zarzuela española, tienen una influencia notable sobre una de las vertientes de nuestro teatro popular, podríamos decir que nuestro “género chico” y la zarzuela criolla son casi un calco de las formas de las obras peninsulares, son traslaciones, eso sí, utilizando elementos, tipos y conflictos propios de nuestro medio.
Como ejemplo de la “revista de actualidad” porteña se puede mencionar la obra de Casimiro Prieto Valdés, “El sombrero de don Adolfo” que fue escrita en 1874, pero que la censura no permitió estrenar (esta medida fue impugnada por el Dr. José María Gutiérrez). En la obra se satirizaba a Sarmiento, Adolfo Alsina y Avellaneda, que se disputaban los favores de Patricia, que representaba la presidencia de la República.
Otra obra, también prohibida, era “Don Quijote en Buenos Aires”, “revista bufo política en un acto”, escrita por Eduardo Sojo en 1885, el autor utilizaba los personajes clásicos de la novela de Cervantes, que llegaban a la isla de Barataria situada a orillas del Río de la Plata, para satirizar la situación de corrupción de la época. Un ejemplo del tono de la obra la dan los siguientes versos que Don Quijote le dice a Sancho:
Aquí como en todas partes / hay uno que ordena y manda;
ministros que le secundan / en todas sus faramallas,
gobernadores a dedo, / negociantes de uña larga,
políticos que se venden, / jueces que tuercen la vara,
bolsistas que hacen su agosto / con tenedor y cuchara,
quebrados que gastan coche, / periodistas sin gramática
concejales levantiscos, / doctores de flor de malva,
magnates microbizados / y pueblo que sufre y paga.
En otro momento, Don Quijote se encuentra con un inglés a quién le pregunta:
¿Podría voacé explicarme / a qué vino” y la réplica es:
“A merendarme/ la República Argentina”.
Entre las obras costumbristas se destacan: “De paseo en Buenos Aires” de López de Gomara, un español radicado en nuestro país, con música del maestro Avelino Aguirre, en esta obra, escrita en 1889 y estrenada al año siguiente en el teatro Variedades, la acción transcurre el 25 de mayo de 1901 en la Avenida de Mayo. De esta misma vertiente la obra más importante es “Ensalada criolla” de Enrique De María, con música de Eduardo García Lalanne, estrenada en 1898, aquí se reemplazan la jota de “La Gran Vía”, por música nuestra, obviamente un tango zarzuelero, que tres compadritos cantan y bailan con cortes y quebradas. En el cuadro décimo los tres cuchilleros se presentan:
Soy el rubio Pichinango
Yo, el pardito Zipitría
Yo nunca niego la cría: / soy el negro Pantaleón.
Y luego los tres a coro, en un tono muy de zarzuela:
Los tres somos cuchilleros / más nombrados de la gente,
pues nos limpiamos... los dientes / con la punta del facón.
Dentro del género denominado “zarzuelismo criollo” aparece la indudable influencia de la zarzuela española “La verbena de la paloma”, obra de Ricardo de la Vega con música de Tomás Bretón. Autores como Nemesio Trejo (La fiesta de don Marcos, 1890), Ezequiel Soria (El año 92 y Justicia criolla, 1897) y Enrique García Velloso (Gabino el mayoral, 1898) siguen claramente esa influencia, trasladando acciones y situaciones a nuestro ámbito, y van creando el basamento, tanto autoral como de intérpretes que al unirse con la vertiente que viene del circo criollo y del drama gauchesco, van a desembocar en el sainete porteño y en el grotesco criollo, géneros éstos, como ya señaláramos, fuertemente emparentados con el tango.
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray
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