EL CIRCO
Los primeros circos
La importancia del circo en nuestro país y la estrecha relación con el nacimiento del teatro nacional resultan innegables. Es imposible desatar la fuerte ligazón existente entre estas expresiones culturales y el fenómeno del nacimiento de la cultura del tango.
Desde mediados del siglo XVIII, aparecen en el Río de la Plata, volatineros y saltimbanquis; en 1757 se habla de un acróbata llamado Arganda, en 1776, aparece un volatinero, Joaquín Duarte, en 1785 otro volatinero, Joaquín Oláez y Gacitúa, más tarde, se asocian Duarte y Oláez, y le hacen una gran competencia al Teatro de la Ranchería.
Después del incendio de éste, en 1792, los únicos espectáculos de diversión que quedan, son los ofrecidos por los volatineros. Resulta interesante destacar que, ya desde esta época, a las pruebas propias de un circo, se le agregan pantomimas y bailes, como surge de algunos convenios protocolizados en 1798 y 1799.
Entre 1810 y 1830, como toda la actividad nacional, los espectáculos circenses están referidos a la lucha por la Independencia. En 1825, de acuerdo a comentarios del “Inglés”, en su obra “Five years residence in Buenos Aires during the years 1820 to 1825” hubo dos espectáculos circenses: el de Stanislaus, un prestidigitador muy elogiado, y el del Circo Bradley. En 1829, actúa en el Vauxhall, el circo de José Chiarini, el forzudo.
Durante la época de Rosas, el espectáculo circense cobra enorme importancia, desplazando al teatro de las preferencias del público. Se inaugura en 1834, el Circo Olímpico, en la calle Salta Nº 8, del barrio de Monserrat, en el que Rosas tenía un palco reservado, allí actúa la Compañía Laforest-Smith, hasta 1835. Resulta interesante mencionar que cuando Rosas vuelve al poder en 1835, su primera aparición pública oficial, la realiza en el circo y no en el teatro.
En febrero de 1834 aparece el primer payaso en Buenos Aires; era el italiano Pedro Sotora, conocido como El rey del fuego, y actúa en el Coliseo Provisional. En 1836 la crónica registra la actuación de dos compañías: la Stewart, norteamericana, y una española que actúa en el Jardín del Retiro (Esmeralda al 300). En el Circo Olímpico, a partir de 1842,aparecen representaciones dramáticas, sainetes, comedias y se utiliza el picadero como prolongación de un primitivo escenario. Es el antecedente del circo criollo.
Entre 1842 y 1852, llegan a Buenos Aires seis circos extranjeros, que agregan otros espectáculos como: lucha grecorromana, hazañas de fuerza, actuaciones con fuego, ilusionismo, pero en ningún caso aparecen en escena animales exóticos.
Después de la caída de Rosas, y por espacio de treinta años, el teatro tiene poca actividad y casi toda ella está a cargo de elencos extranjeros, lo que contrasta notablemente con el circo que entre 1852 y 1884, en su doble condición de espectáculo acrobático y teatral, constituye la diversión popular predilecta.
En 1859, se levanta un galpón en la Plaza de Monserrat, dónde estuvo la antigua Plaza de Toros, y allí actúan la troupe Loande, y otros artistas nativos.
En 1860, Sebastián Suarez forma el Circo Flor de América, y un dato interesante que tiene que ver con la historia misma de la gran familia del circo nacional, lo constituye el mencionar que Suarez tuvo dos hijas; Clotilde que se casa con Juan Asenjo y el Flor de América se transforma en el Politeama Hispano Argentino, para luego en 1893 renacer como el Flor de América, y una segunda hija, Etelvina, que se casa con el chileno Alejandro Rivero, y forman el Circo Unión. Los hijos de este matrimonio son los que forman el famoso Circo Hermanos Rivero, cuyas actuaciones llegan hasta los años 50.
En el barrio de Monserrat se instalaron varios circos, en el galpón ya mencionado de la plaza homónima se instaló el Circo Hipodrome, cuyo dueño era Luis Anselmi y en el que actuó el famoso payaso Frank Brown. En la manzana delimitada por las calles Luis Saénz Peña, Yrigoyen, Solís y Av.de Mayo se instaló el Buckingham Palace, que desapareció en 1910.
En 1869 y también en el referido galpón, se instala el Circo Italiano Chiarini, de José Chiarini, hijo del forzudo, que al año siguiente se traslada a la Plaza del Parque (Tucumán y Libertad). En 1873 inicia sus espectáculos en el Circo Arena, en Corrientes y Paraná, dónde luego se establecerá el Teatro Politeama, la Compañía Guillaume; también en ese año, en la Plaza del Parque (dónde había estado Chiarini), abre sus puertas el Circo Europeo con la Compañía Ecuestre Cortney y Sandford, más tarde reemplazada por la italiana Casali y posteriormente por la de Pablo Rafetto. En 1874, en Corrientes y Paraná se presenta el Circo Francés de Félix Hénault y en el Politeama, actuó también el Circo Hermanos Carlo. 
En 1869, aparece en Buenos Aires Pablo Rafetto, apodado “Cuarenta onzas”, que fue una figura fundamental en la historia del Circo Criollo. Había nacido en Génova en 1842, tenía un físico exuberante, lo que le permitió trabajar como “Hércules”, pero el motivo del apodo se debe, según cuenta José Podestá, a una apuesta que hizo en su ciudad natal, por cuarenta onzas de oro, para enfrentarse con un campeón francés de lucha romana; el evento fue presenciado por una multitud que ovacionó a Rafetto cuando puso de espaldas al francés; sin embargo, los jueces consideraron que no había ganado y se llevó a cabo una nueva lucha. En esta ocasión Rafetto lo venció nuevamente, lo mantuvo de espaldas y no lo soltó hasta que le entregaron la apuesta; el público lo aclamó al grito de “¡Viva Cuarenta onzas!”, y de esa ocasión provino su apelativo.
Al llegar a nuestra ciudad, Rafetto muestra sus habilidades como luchador con un número especial “ el disparo de cañón”, actúa primeramente en el Teatro Alcázar de la actual calle H.Yrigoyen, luego viaja a Río de Janeiro, actúa en el Circo Chiarini y en 1871 en el Teatro Rivadavia de Barracas. Fue un hombre muy emprendedor e instaló innumerable cantidad de circos, en 1882 inauguró el Politeama Humberto 1°, dónde hoy se encuentra el Departamento Central de Policía, y en 1886 otro local en las calles Europa y Piedras, pero quizás lo más trascendente de la actividad de Rafetto, para la historia del circo nacional, es haber encontrado en una gira por el Uruguay, en la ciudad de Canelones, a los Hermanos Podestá a quienes contrata y trae a Buenos Aires. Rafetto muere en Córdoba, el 6 de mayo de 1914.
En último término, en lo que hace al espectáculo circense, queremos mencionar al notable Frank Brown, el payaso inglés que había nacido en Brighton, el 6 de setiembre de 1858, hijo de un acróbata y payaso, por lo que su vida siempre estuvo ligada al circo.
En 1870 se relaciona, en New York, con los hermanos Carlo, con los que inicia una gira por Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia. Llega a Buenos Aires en 1884 y permanece con los hermanos Carlo hasta 1888, tenía enormes habilidades gimnásticas, era acróbata, jinete, pero su verdadero arte era el de clown, aunque era admirado por todo tipo de público, su chispa era festejada principalmente por los niños, a los cuales agasajaba con dulces.
Era respetado tanto por políticos como Mitre, Sarmiento, Roca, Pellegrini, Alem y Alvear, como por hombres de letras como Roberto Payró, David Peña y Rubén Darío, este último se refiere elogiosamente al clown inglés en unos versos y también en su autobiografía. Frank Brown muere en Buenos Aires, el 24 de abril de 1943.
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray
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