El cine mudo
Tanto las salas cinematográficas, Select Lavalle, Paramount, Grand Splendid, Real Cine, como las orquestas de Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, Pedro Maffia, Francisco Canaro, Anselmo Aieta, son nombres que se van complementando durante esos años, hasta constituirse en binomios tan trascendentes, que hoy son referencia obligatoria para cualquier recordación de los más populares y concurridos escenarios que tuvo el tango por aquellos años.

Salas cinematográficas unos, sextetos u orquestas de tango los otros, se mencionan unidos durante los años veinte, por haber hecho posible y en todo caso masivo y rentable, el negocio del incipiente cine, por entonces desprovisto de todo apoyo que no fuera la mera imagen.
La primera ayuda vino de la mano de los pianistas que, interpretando principalmente música clásica, subrayaban la intención dramática o cómica de cada secuencia.
Poco a poco, las exhibiciones de películas mudas fueron complementadas por los conjuntos más importantes del tango, que allí encontraron fuentes de trabajo y público seguidor, y terminaron siendo los verdaderos protagonistas de las sesiones cinematográficas.
El cine sonoro, terminó casi drásticamente con esta fuente de trabajo, y nunca pudo reemplazarla ya que, aún en los momentos de auge del cine nacional, solamente intervinieron en películas, y esporádicamente, los cantantes consagrados, y casi nunca los conjuntos orquestales.
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray
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